
VIACRUCIS DE LA VIDA Y LA ESPERANZA
“Jesucristo nos da razones para vivir, motivos para esperar”
PRIMERA ESTACIÓN:
Jesús es condenado a muerte
Lector 1: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…
Todos: …que por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Lector 2: En esta primera estación oraremos especialmente por los desaparecidos y juzgados sin legítima defensa.
Lector 1: «¿Quién podrá creer esta noticia? No tenía gracia ni belleza para que nos fijáramos en él.
Despreciado y tenido como la basura de los hombres, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento. Ha sido tratado como culpable a causa de nuestras rebeldías y aplastado por nuestros pecados. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.
Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. FUE DETENIDO Y ENJUICIADO injustamente y herido de muerte por los crímenes de su pueblo» (Is 53,1-8). Palabra de Dios.
Lector 3:
En un proceso judicial religioso y civil, Jesús es condenado injustamente a muerte. Son muchas las injusticias de nuestro mundo, y muchos inocentes los que sufren sus consecuencias desde la impotencia, en las situaciones que les plantea el hambre, las guerras, la violencia, la marginación… ¿Quién les compensará ese sufrimiento? ¡Dios hará justicia!
No vale acusar a Dios por las injusticias del mundo: «La propuesta contra Dios en nombre de la justicia no vale. Un mundo sin Dios es un mundo sin esperanza. Solo Dios puede crear justicia. Y la fe nos da esa certeza.» (SS, 44) La justicia de Dios no es venganza, también es gracia y misericordia.
Como discípulos y misioneros de Jesús comprometámonos a no hacer juicios injustos de los demás; no colaboremos con las injusticias; trabajemos por la justicia.
Lector 1: Jesús pequé.
Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.
Lector1: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día…
Canto: Estaciones de Vidal
SEGUNDA ESTACIÓN:
Jesús carga con su cruz
Lector 1: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…
Todos: …que por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Lector 2: En esta segunda estación oramos por todos los campesinos desplazados, por la violencia de los grupos armados.
Lector 1: « Si alguno quiere seguirme, olvídese de sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque si alguno quiere salvar su vida, la perderá; en cambio, si pierde la vida por mi y por el Evangelio, la salvará. ¿De qué sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida? O, ¿qué puede ganar el hombre a cambio de su vida? Yo les digo: Si alguno se avergüenza de mí y de mis palabras en medio de esta gente adúltera y pecadora, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él, cuando venga en la gloria del Padre, rodeado de sus santos ángeles » (Mc 8,34-38). Palabra de Dios.
Lector 3:
Nosotros no queremos cruces; nos molesta la cruz, nos espanta… ¡no queremos ver el sufrimiento!, de hecho nos pasamos gran parte de la vida huyendo de la cruz y del dolor. «El individuo – dice el Papa Benedicto XVI – no puede aceptar el sufrimiento del otro si no logra encontrar personalmente en el sufrimiento un sentido, un camino de purificación y maduración, una camino de esperanza.» SS, 38)
Para eso es imprescindible tener un horizonte en la vida, una razón por la que vivir el amor. En el caso de Jesús ese horizonte vital es hacer la voluntad del Padre, buscar la felicidad de la humanidad. De Él podemos aprender para vivir con entereza nuestra vida: «Según la fe cristiana, la redención, la salvación, no es simplemente un dato de hecho. Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente aunque sea fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esa meta, y si esa meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino.» (SS, 1)
Sólo desde la esperanza se puede cargar con la cruz. A veces nos falla esa esperanza. Por eso pidamos al Señor que nos ayude a tener esperanza en él, en su amor, en su fidelidad y a ser testigos de esa esperanza en el mundo.
Lector 1: Jesús pequé.
Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.
Lector 1: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día…
Canto: Estaciones de Vidal.
TERCERA ESTACIÓN:
Jesús Cae Por Primera Vez
Lector 1: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…
Todos: …que por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Lector 2: En esta tercera estación pedimos por todos los secuestrados para que pronto sean liberados.
Lector 1: « He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, y mis mejillas a los que me jalaban la barba, y no oculté mi rostro ante las injurias y los salivazos. Puse mi cara dura como piedra» (Is 50,6-7). Palabra de Dios
Lector 3:
El peso de la cruz derrumba a Jesucristo. El mal del mundo es insoportable, parece que puede incluso con Dios. Pesan mucho las consecuencias de las guerras, del trabajo infantil, del terrorismo, de las traiciones, de las críticas, de las enfermedades, de las catástrofes naturales, del desempleo. ¡Sólo nuestro mal personal, a veces, nos hace tambalearnos y caer!: los vicios, las limitaciones, la soberbia… Jesús tenía una fuerza interior para poder levantarse de esa situación: Dios, su Padre. Los creyentes, los cristianos, contamos con Dios y con la esperanza de encontrarnos con él; esa fe nos hace levantarnos una y otra vez. Por eso dice el Papa: «El hombre necesita a Dios, de lo contrario se queda sin esperanza.» (SS, 23)
Si el hombre se queda sin esperanza, le aplasta el peso de la cruz. Si el mundo se queda sin Dios, se le cierran todas las puertas. Si el mundo se queda sin esperanza, cae, desciende al infierno. Con Dios, somos para nuestro mundo “ministros de la esperanza”.
Pidámosle al Señor que nunca deje que se apague nuestra fe, para que el mundo siempre tenga la luz de la esperanza.
Lector 1: Jesús pequé.
Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.
Lector 1: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día…
Canto: Estaciones de Vidal
CUARTA ESTACIÓN:
Jesús se encuentra con su Madre
Lector 1: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…
Todos: …que por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Lector 2: En esta estación oramos por todas las madres.
Lector 1: « Simeón lo bendijo, y después dijo a María, su Madre: Mira, este niño debe ser causa tanto de caída como de resurrección para la gente de Israel. Será puesto como una bandera, de modo que a Él lo atacarán y a ti misma una espada te atravesará el corazón» (Lc 2,34-35). Palabra de Dios
Lector 3:
No sería cualquier encuentro el que tuvieron María y Jesús camino del Calvario. El peso de la cruz, la sangre por el cuerpo, los gritos de la multitud… y, de repente, todo se hace silencio, ante una mirada: los ojos de María buscaban los de Jesús y se han encontrado: los recuerdos de la niñez, los abrazos de cariño, los consejos, el dolor insoportable del momento, la sangre por el rostro… su acompasan los latidos, se transfieren los sufrimientos, se comunican las esperanzas, se fortalece la entrega.
Cuando el Papa habla de encuentro con Dios que transforma la vida por la esperanza en la que hemos sido salvados, pensemos en el encuentro de María con su Hijo camino del Calvario. ¡Ponte en el lugar de María y encuentra la mirada de Jesús!… hasta que se estremezca tu ser de compasión y ternura, de fortaleza y esperanza, incluso en tus momentos de dolor. «Por eso tú, María, permaneces con los discípulos como madre suya, como Madre de la esperanza. Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su Reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino.» (SS, 50)
A veces cerramos nuestras puertas y no dejamos entrar a Dios, no nos dejamos mirar por él.
Lector 1: Jesús pequé.
Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.
Lector 1: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día…
Canto: Estaciones de Vidal
QUINTA ESTACIÓN:
Jesús es ayudado por Simón de Cirene
Lector 1: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…
Todos: …que por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Lector 2: En esta quinta estación pedimos por todas las personas que sirven y se entregan desinteresadamente a los más pobres.
Lector 1: « La cosecha es abundante, pero los obreros son pocos; por eso rueguen al Dueño de la cosecha que envíe obreros a su cosecha. Vayan, los envío como corderos en medio de lobos» (Lc 10, 2-3). Palabra de Dios.
Lector 3:
«Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana –dice Benedicto XVI–.» (SS, 38)
Para ser solidario con los que sufren, hay que aceptar el propio sufrimiento, pasar por él. Por eso nos comprende Cristo, porque estuvo en nuestras circunstancias de dolor. «Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unción con Cristo, que ha sufrido con amor infinito.» (SS, 37)
Nuestra sociedad necesita cireneos que, desde una opción libre, se comprometan en quitar sufrimiento del mundo, al menos, en compartirlo.
Cireneos con motivación cristiana que plasmen en su solidaridad la esperanza de la otra vida. Necesitamos aprender a sufrir con los demás, por los demás.
Lector 1: Jesús pequé.
Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.
Lector 1: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día…
Canto: Estaciones de Vidal
SEXTA ESTACIÓN:
La Verónica enjuga el rostro de Jesús
Lector 1: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…
Todos: …que por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Lector 2: En esta sexta estación oraremos especialmente por todas las mujeres que sirven en la comunidad.
Lector 1: « Hagan morir lo que les queda de vida terrenal, es decir, relaciones sexuales impuras, cosas prohibidas, pasión desordenada, malos deseos y esa codicia que es una manera de servir a los ídolos. Ustedes se despojaron del hombre viejo y de su manera de vivir para revestirse del hombre nuevo, que se va siempre renovando y progresando hacia el conocimiento verdadero, conforme a la imagen de Dios, su Creador» (Col 3,5-10). Palabra de Dios.
Lector 3:
Cuando vivo una situación complicada en la que hay que dar la cara, denunciar, defender a la Iglesia, identificarme como cristiano, normalmente suelo permanecer en silencio y oculto para no complicarme la vida. Cada día se dan más estas situaciones. Esta mujer, Verónica, fue capaz de ponerse de parte de Jesús con serenidad y valentía, mientras recibía improperios de la multitud. ¡Seguro que conocía a Jesús de antes y estaba seducida por su mensaje y su persona! «El Evangelio –dice el Papa– no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida. La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de otra manera: se le ha dado una vida nueva.» (SS, 2)
¿Será que mi vida si ha cambiado en el encuentro con Jesús? Señor necesito encontrarme contigo. Tu rostro buscaré, no me escondas tu rostro, aunque sea tu rostro ensangrentado y herido camino de la cruz.
Lector 1: Jesús pequé.
Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.
Lector 1: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día…
Canto: Estaciones de Vidal
SÉPTIMA ESTACIÓN:
Jesús cae por segunda vez
Lector 1: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…
Todos: …que por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Lector 2: En esta séptima estación oraremos especialmente por los enfermos de Sida.
Lector 1: « Como hijos obedientes, no vivan más como en el tiempo anterior, cuando todavía ignoraban y se guiaban por sus pasiones. El que los llamó a ustedes, es santo; y también ustedes han de ser santos en toda su conducta, según dice la Escritura: Ustedes serán santos porque yo lo soy. No olviden que han sido liberados de la vida inútil que llevaban antes, imitando a sus padres, no mediante un rescate material de oro y plata, sino con la sangre preciosa del Cordero sin mancha ni defecto. Aménse unos a otros de todo corazón, ya que nacieron a otra vida que no viene de hombres mortales: ustedes ahora viven por la palabra eterna del Dios que vive y permanece. Esta es la Buena Nueva, que llegó a ustedes» (1 Pe 1,14-16.18-19.22b-23.25). Palabra de Dios.
Lector 3:
Es grande el Amor del Padre, pero pesa mucho el mal del mundo; de nuevo te hace caer. Dónde encontrar fuerzas para continuar? «Sólo la gran esperanza certeza de que, a pesar de todas las frustraciones, mi vida personal y la historia en su conjunto están custodiadas por el poder indestructible del Amor y que, gracias al cual, tienen para él sentido e importancia, sólo una esperanza así puede en ese caso dar todavía ánimo para actuar y continuar.» (SS, 35)
Mi vida y la historia custodiadas por el amor de Dios; para él tienen sentido; ¡le importo a Dios! Es Cristo el que cree esto, mientras está rostro en tierra, aplastado por el peso de la cruz. Es difícil confiar en el Amor de Dios cuando las cosas salen mal, cuando no nos salen como nosotros quisiéramos; sin embargo «Los cristianos tienen un futuro –dice Benedicto XVI–… Sólo cuando el futuro es cierto como realidad positiva se hace llevadero el presente.» (SS, 2)
Los cristianos tenemos futuro, tenemos un futuro: la herencia prometida del Padre, que nos hace retomar una y otra vez el camino del servicio, la solidaridad y la paz.
Lector 1: Jesús pequé.
Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.
Lector 1: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día…
Canto: Estaciones de Vidal
OCTAVA ESTACIÓN:
Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén
Lector 1: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…
Todos: …que por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Lector 2: En esta octava estación oraremos especialmente por las mujeres abandonadas y explotadas.
Lector 1: « Lo seguía muchísima gente, especialmente las mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por Él. Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloren por mí. Lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos. Porque va a llegar el día en que se dirá: Felices las mujeres que no dieron a luz ni amamantaron. Entonces se dirá: ¡Ojala que las lomas nos ocultaran! Porque, si así tratan al árbol verde, ¿qué no harán con el seco?» (Lc 23,27-31). Palabra de Dios.
Lector 3:
Parece que Jesús les dice a las mujeres: Llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos; yo sufro, pero estoy convencido del Amor de mi Padre, que me alienta y fortalece, que no me abandona. «Vosotras necesitáis tener esperanzas –más grandes o más pequeñas –, que día a día os mantengan en camino. Pero sin la gran esperanza, que ha de superar todo lo demás, aquéllas no bastan. Esta gran esperanza sólo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar.» (SS, 31 1)
Busquen la gran esperanza que Dios propone y encontraran consuelo para ustedes y sus hijos, la esperanza que es Él, la esperanza que es al Vida Eterna; esa que no pueden alcanzar por ustedes mismas, porque aunque colma sus deseos, supera todas sus expectativas. Esa esperanza que se nos da como regalo, como el regalo de la vida que da la madre al hijo, el regalo de sí mismo que hace el esposo a la esposa, el regalo de la entrega que Dios hace de su Hijo: la expropiación de mi vida que hago en la cruz. “No lloréis por mí, llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos”. Las lágrimas son necesarias para descubrir la esperanza que es Dios. A nosotros, normalmente las lágrimas no nos hacen descubrir nada de tu presencia; sólo vemos nuestro dolor. Ayúdanos a descubrirte aún en medio de los sufrimientos y momentos difíciles.
Lector 1: Jesús pequé.
Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.
Lector 1: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día…
Canto: Estaciones de Vidal
NOVENA ESTACIÓN:
Jesús cae por tercera vez
Lector 1: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…
Todos: …que por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Lector 2: En esta novena estación oraremos especialmente por los que no tienen hogar.
Lector 1: « Derramaré sobre ustedes agua purificadora y serán purificados. Los purificaré de toda mancha y de todos sus ídolos. Les daré un corazón nuevo. Y pondré dentro de ustedes un espíritu nuevo. Les quitaré del cuerpo el corazón de piedra, y les pondré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu dentro de ustedes, para que vivan según mis mandamientos y respeten mis órdenes» (Ez 36,25-27). Palabra de Dios.
Lector 3:
Otra vez más el peso de la cruz se hace insoportable, hasta dudar de uno mismo y de las propias fuerzas… poco a poco se minan los cimientos que sostienen la esperanza sobre un hilo cada vez más sutil. Otra vez el peso de la cruz y, esta vez, parece que no hay nada más que eso: cruz por todas partes, tinieblas, mal, oscuridad. Pero Cristo ha venido a cumplir la voluntad del Padre; esta misión es su alimento, su razón de ser. Sabe que está llegando hasta el extremo, hasta el total cumplimiento. «La verdadera, la gran esperanza del hombre –dice el Papa– que resiste a pesar de todas las desilusiones, solo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando hasta el extremo, hasta el total cumplimiento.» (SS, 27)
Dios, la esperanza firme que me queda, de la que no me ha apartado ni la persecución, ni la espada, ni la desnudez, ni las burlas, ni la flagelación, ni las traiciones… ¡Dios de nuevo!, ¡Dios al fin!, ¡Dios por fin!, ¡Dios! A nosotros, una y otra vez, nos ciega la desesperanza y no acertamos a ver un poco de luz, no podemos levantarnos. Son demasiadas caídas.
Lector 1: Jesús pequé.
Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.
Lector 1: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día…
Canto: Estaciones de Vidal
DÉCIMA ESTACIÓN:
Jesús es despojado de sus vestiduras
Lector 1: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…
Todos: …que por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Lector 2: En esta décima estación oraremos especialmente por los drogadictos y alcohólicos.
Lector 1: « Yo soy un gusano, y ya no un hombre; vergüenza de los hombres y basura del pueblo. Mis huesos se han descoyuntado, mi corazón se derrite como cera. Se reparten entre sí mis vestiduras y mi túnica se juegan a los dados» (Sal 22,7.15.19). Palabra de Dios.
Lector 3:
Cuando veo las burlas y el desprecio que sufrió Jesús, y compruebo una y otra vez que se impone el mal, que siempre quedan por encima los que peor se portan… experimento la impotencia de la desnudez, despojado de vestiduras, de razones, de esperanzas… me quedo con pocas ganas de ser bueno y buscar el bien. Parece que el egoísmo vence al amor, que esto no tiene sentido, que todo está descontrolado. Dice el Papa: «El cielo no está vacío. La vida no es el simple producto de las leyes y de la casualidad de la materia, sino que en todo, y al mismo tiempo por encima de todo, hay una voluntad personal, hay un Espíritu que en Jesús se ha revelado como Amor.» (SS, 5)
Por encima de todo hay una voluntad personal, que se ha revelado en Jesús como Amor. La voluntad de Dios siempre es un misterio. ¿Qué es lo que Dios quiere? ¿Cómo entra en su voluntad la muerte y la burla de su Hijo? ¿Cómo entender la cruz, la desnudez, las espinas, el sufrimiento de los inocentes, la muerte de los familiares…? No podemos pensar mal de nuestro Dios y creer que se complace ante semejante espectáculo. Benedicto XVI reflexiona con palabras de San Ambrosio: «Era necesario poner fin a estos males, de modo que la muerte restituyera lo que la vida había perdido.» (SS, 10)
El mal nos impide ver tu voluntad amorosa. El derroche parece una burla de tanta pobreza. También tenemos algo de tus vestiduras.
Lector 1: Jesús pequé.
Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.
Lector 1: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día…
Canto: Estaciones de Vidal
DÉCIMO PRIMERA ESTACIÓN:
Jesús es clavado en la cruz
Lector 1: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…
Todos: …que por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Lector 2: En esta décimo primera estación nos solidarizamos con los desempleados.
Lector 1: « Así como Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto, así también es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado en alto, para que todo el que crea en Él tenga la vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que le dio su Hijo único, para que todo el que crea en Él, no se pierda, sino que tenga la vida eterna» (Jn 3,14-16). Palabra de Dios.
Lector 3:
“Se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de Cruz” (Flp 2, 8). Jesús se adentra en la naturaleza humana hasta sus últimas consecuencias. Con razón dice el Papa: «El hombre nunca puede ser redimido solamente desde el exterior» (SS, 25)
Para salvar a una persona hay entrar en la espesura de sus oscuridades, con luz, claro, no con más oscuridad. Para redimir a la humanidad hay que bajar a las tinieblas del infierno. Aquí está Cristo, amarrado a la cruz; pero con una propuesta de Vida. No vino un empleado a realizar esta obra; vino el mismo Dios. No lo hizo desde la inmensidad del cielo, sino desde la “estrechez” de la naturaleza humana. «El hombre es redimido por el amor.» –Dice Benedicto XVI– (SS, 26) Sólo el amor puede sacar a una persona de la perversión de su humanidad. ¡Cuántos enamoramientos son una auténtica redención!, en el sentido de que son una apuesta total de una persona por otra, un esfuerzo por sacar lo mejor que el otro lleva en su interior. ¡Qué hermoso tener un amor así! Pero el ser humano necesita algo más que ese amor. «El ser humano necesita un amor incondicionado.» (SS, 26)
Sólo Dios es capaz de amar así, sin ninguna condición, ni previa, ni posterior; nos quiere siempre, siempre es fiel a nosotros y nos quiere clavado en la cruz. No sabemos amar sin condiciones; no encontramos la forma de que nuestro amor sea redención para los demás. Ayúdanos Señor ha amar al estilo y de la manera que tu nos amaste.
Lector 1: Jesús pequé.
Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.
Lector 1: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día…
Canto: Estaciones de Vidal
DÉCIMO SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús muere en la cruz
Lector 1: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…
Todos: …que por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Lector 2: En esta décimo segunda estación nos solidarizamos con las victimas del terrorismo.
Lector 1: « Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos, porque fuiste degollado y por tu sangre compraste para Dios, hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un reino de sacerdotes que reina sobre la tierra. Digno es el Cordero que ha sido degollado, de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría, la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza» ( Ap 9,10.12). Palabra de Dios.
Lector 3:
Meditando en la imagen del pastor, presente el las lápidas de la Iglesia primitiva, dice Benedicto XVI: «El verdadero pastor es aquel que conoce también el camino que pasa por el valle de la muerte; Aquel que incluso por el camino de la última soledad, en que nadie me puede acompañar, va conmigo guiándome para atravesarlo. Él mismo ha recorrido ese camino, ha bajado al reino de la muerte, la ha vencido… Saber que existe Aquel que me acompaña incluso en la muerte y que con “su vara y su cayado me sosiega” de modo que “nada temo”, era la nueva “esperanza” que brotaba en la vida de los creyentes.» (SS, 6)
Tenemos un Dios capaz de compadecerse de nosotros. Ha pasado, incluso, por la muerte; está capacitado para comprender nuestra vida en su totalidad. Es motivo de esperanza. Pero el misterio de la muerte de Jesucristo es algo más que un misterio de solidaridad con la condición mortal humana, es el misterio de la redención de la humanidad por el que nos salva de quedarnos instalados en la muerte y nos abre a una esperanza mayor: compartir la vida y la felicidad con Dios mismo. Nos cuesta aceptar la muerte; nos cuesta ponernos en las manos de Dios; nos cuesta confiar en la esperanza de la Vida Eterna. Ayúdanos Señor a poner nuestra mirada en ti y a buscar desde ahora hacer presente tu Reino de amor, de verdad, de justicia y amor.
Lector 1: Jesús pequé.
Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.
Lector: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día…
Canto: Estaciones de Vidal
DÉCIMO TERCERA ESTACIÓN:
Jesús es bajado de la cruz
Lector 1: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…
Todos: …que por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Lector 2: En esta décimo tercera estación oraremos especialmente por los jóvenes que no pueden estudiar.
Lector 1: « Vinieron entonces los soldados y les quebraron las piernas a los que estaban crucificados para después retirarlos. Al llegar a Jesús vieron que ya estaba muerto. Así que no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le abrió el costado de una lanzada y al instante salió sangre y agua. El que lo vio lo declara para ayudarles en su fe, y su testimonio es verdadero. El mismo sabe que dice la verdad. Esto sucedió para que se cumpla la Escritura que dice: “No le quebrarán ni un solo hueso”, y en otra dice: “Contemplarán el que traspasaron”» (Jn 19,32-37). Palabra de Dios.
Lector 3:
Cristo muere, es descendido de la cruz, pero triunfa el Bien, porque la Cruz es la puerta que Jesús nos deja abierta para ir a Dios; pero debes ponerte en la cruz, en el lugar que él deja libre en el momento en que es descendido. Es activa porque supone asumir el reto de querer sufrir por amor a los demás. «Es también esperanza activa en el sentido de que mantenemos el mundo abierto a Dios. Sólo así permanece también como esperanza verdaderamente humana.» (SS, 34)
Desde el lugar que Cristo deja libre en la cruz, podemos ser para el mundo “ministros de la esperanza” y así dejamos “el mundo abierto a Dios”. La vida de un cristiano que lleva su cruz con dignidad es como una puerta abierta a Dios para todo el que sepa buscar y ver la realidad. A veces, Señor, no queremos la cruz; no sabemos asumirla y nos convertimos en muro que oculta tu presencia en lugar de ser puerta de acceso a la salvación de los demás. Señor ayúdanos a asumir, a entregarnos con generosidad, como tú lo hiciste por nosotros, para que reflejemos tu presencia amorosa en el mundo.
Lector 1: Jesús pequé.
Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.
Lector 1: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día…
Canto: Estaciones de Vidal
DÉCIMO CUARTA ESTACIÓN:
Jesús es colocado en el sepulcro
Lector 1: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…
Todos: …que por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Lector 2: En esta décimo cuarta estación oraremos especialmente por los ancianos abandonados.
Lector 1: « Tengan un mismo amor, un mismo espíritu, un único sentir y no hagan nada por rivalidad o por orgullo. Al contrario, que cada uno, humildemente, estime a los otros como superiores a sí mismo. No busque nadie sus propios intereses, sino más bien, el beneficio de los demás. Tengan entre ustedes los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús: Él, que era de condición divina, no se aferró celoso a su igualdad con Dios. Sino que se aniquiló a sí mismo tomando la condición de siervo, y llegó a ser semejante a los hombres. Habiéndose comportado como hombre, se humilló, obedeciendo hasta la muerte, y muerte en una cruz» ( Fil 2,2-8).
Lector 3:
La resurrección es obra del Padre. Sólo él puede romper los sepulcros, quitar el mal y dar la vida. Dios hace justicia dando la razón a su hijo y quitándola a quienes lo crucifican. «Sólo Dios puede quitar el mal y el sufrimiento del mundo. Con la fe en la existencia de este poder ha surgido en la historia la esperanza de la salvación del mundo. Pero se trata precisamente de esperanza y no aún de cumplimiento.» (SS, 36)
Para la humanidad, también hay un tiempo de sepulcro, de purificación, de silencio… mientras florece la esperanza. [Nosotros hoy entendemos: ahora, en concreto en el sepulcro] Dios revela su rostro precisamente en la figura del que sufre y comparte la condición del hombre abandonado por Dios, tomándola consigo. Este inocente que sufre se ha convertido en esperanza-certeza: Dios existe, y Dios sabe crear la justicia de un modo que nosotros no somos capaces de concebir y que, sin embargo, podemos intuir en la fe. Sí, existe la resurrección de la carne. Existe la justicia. Existe la “revocación” del sufrimiento pasado, la reparación que restablece el derecho. Por eso la fe en el juicio es ante todo y sobre todo esperanza… Estoy convencido de que la cuestión de la justicia es el argumento esencial o, en todo caso, el argumento más fuerte a favor de la vida eterna.» (SS, 43)
No sabemos esperar en el dolor y en el sufrimiento; nos falta confianza para ver la resurrección. Señor, ayúdanos en medio de sepulcro de la guerra, de la injusticia y el dolor a ser testigos de la vida que tu nos das.
Lector 1: Jesús pequé.
Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.
Lector 1: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día…
Canto: Estaciones de Vidal